A unas horas de que se consume el cambio en el poder presidencial, me atrevo a bordar sobre unas cuantas y pequeñas cosas:
Las instituciones con que contamos, leyes, reglamentos, organizaciones, costumbres y usos, tienen que respetarse, antes de pretender cambiarlas para mejor o desecharlas por inútiles, superfluas y demás. Aquello de al diablo con sus institucionesdebe ser de plano sustituido por la convocatoria a la participación plural y decidida de todos o los más, para revisarlas, criticarlas, pero sobre todo mejorarlas para que puedan servir al bien común.
Son muchas, porque si algo hemos hecho en estos duros años de cambio político hacia la democracia es inventar e innovar en materia institucional.
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