- El calentamiento global amenaza con romper las rutinas de las naturaleza, que marcan la pauta de nuestras sociedades
Guillermo Altares - El País
Visitar un museo egipcio es una experiencia extraña para alguien que no sepa mucho de esta civilización milenaria porque la posibilidad de perderse con sus faraones, sus ritos funerarios, sus dinastías y sus dioses es muy elevada, por no hablar de la inquietud que produce el Libro de los muertos a todos aquellos que lo más parecido a un curso de egiptología que han cursado es haber visto diferentes versiones de La momia. Sin embargo, existen pocas inmersiones tan emocionantes. El museo egipcio de Turín, uno de los más importantes del mundo, expone todos los objetos de la tumba de Kha y su esposa Merit, uno de los grandes descubrimientos de la egiptología. No solo ofrece los sarcófagos y las bellísimas máscaras mortuorias de esta pareja de nobles, sino que alberga todo tipo de cosas que parece imposible que hayan llegado hasta nosotros: desde el pan y las semillas hasta los vestidos y las telas de lino. El clima árido de Egipto ha permitido su conservación durante miles de años.
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