Una de las decisiones del modelo neoliberal que se impuso en México desde hace 36 años fue la autonomía del Banco de México (BdeM) y la modificación de su ley orgánica para que su objetivo prioritario fuera mantener estabilidad de precios. En 1991, todavía en los tiempos del salinato, se aprobaron estas modificaciones y desde entonces el banco central mexicano decide lo que hará, se evalúa a sí mismo y la representación de la sociedad mexicana, el Congreso de la Unión, no analiza, ni examina su desempeño. En algunos momentos ha habido tensiones entre las autoridades hacendarias o la Presidencia de la República y el BdeM, pero en general los poderes electos respetan su notable autonomía. Otros organismos con la misma condición, como el Instituto Nacional Electoral o la Comisión Nacional de Derechos Humanos, son criticados frecuentemente, pero al BdeM nadie lo toca.
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