Rolando Cordera Campos - Periódico La Jornada
La práctica populista de referirse al pueblo como primera y última instancia y rasero del discurso y la propuesta, ha recorrido el mundo de la política por muchos años. Y con diferentes tonalidades y modalidades.
Lo que sorprende es que hayamos llegado a descubrirla tan tardíamente, despertando todas las sospechas sobre su uso oportunista e ilegítimo. De entrada, es importante distinguir y no tasar todas las interpelaciones con el mismo adjetivo. La diferencia entre apelar al pueblo y justificar una política o programa en el beneficio general pero discriminado en favor de los de abajo, y convertir en movilización y proclama los sentimientos de encono y decepción cultivados por los más afectados por el cambio económico o social, es mayúscula y es por eso que muchos analistas y críticos de dicha práctica sugieren distinguir entre ambos usos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario