- El presidente de EE UU es un egocéntrico narcisista, un sabelotodo arrogante que se proclama como el mejor en cualquier tema
En su discurso ante el Congreso el pasado martes, Donald Trump se transfiguró mágicamente en un estadista y lució “presidencial” por vez primera. Ofreció algo para cada miembro de la sociedad: nueva infraestructura, un millón de empleos, licencia pagada de maternidad, rebaja del altísimo costo de los medicamentos, educación especial para estudiantes con dificultades, derrota del “radicalismo islámico” y, todo esto, en unidad, sin odio y en pro del resurgimiento de la nación. ¿Fue esto una real transformación o simplemente una lectura bien ensayada de un discurso escrito para él y proyectado en una pantalla? En todo caso, sus propuestas claves no cambiaron, solo su tono; un buen discurso de una hora no puede borrar 20 meses de incesantes trompicones.
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