- El aumento en las ventas de bienes duraderos, fundamentalmente automóviles, revela una pauta de consumo propia de los periodos previos a una drástica subida de precios
Javier Lozano echa cálculos para evitar que la temida inflación le pase más factura de la cuenta a su cartera. La primera decisión: comprar un automóvil que necesitaba desde hace meses y que no quiere que se encarezca más. Su viejo coche, un Chevrolet Corsa, se había convertido en un agujero para su bolsillo y no quiere que la compra de su reemplazo se vaya por las nubes. “Últimamente gastaba mucho en reparaciones y, aprovechando el dinero que recibí al jubilarme, he comprado uno nuevo al contado pensando que dentro de unos meses será mucho más caro”, relata este contador público de 61 años. Gracias a su hermano, trabajador de una agencia de autos, ha obtenido un buen descuento —“del 25%”— y, pese a haber tenido que desembolsar varias decenas de miles de pesos, está más que satisfecho con la adquisición.
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