Jean Pisani Ferry - elEconomista.es
Cuando los ciudadanos británicos llegaron a las urnas el 23 de junio a decidir si su país continuaba dentro de la Unión Europea, no eran pocos los consejos que habían recibido a favor de quedarse. Líderes y autoridades morales del extranjero habían expresado sin ambages su preocupación por las consecuencias que tendría una salida, y los economistas advirtieron, con abrumadora mayoría, que abandonar la UE implicaría costos económicos significativos. Sin embargo, las advertencias fueron ignoradas. Una encuesta de opinión de YouGov previa al referendo explica por qué: quienes votaron por abandonar la UE no confiaban en absoluto en quienes les ofrecieron consejo. No querían basar sus decisiones en los comentarios de los políticos, académicos, periodistas, organizaciones internacionales ni grupos de expertos. Como dijo crudamente Michael Gove, uno de los líderes de la campaña a favor de la separación: "la gente de este país ya se hartó de los expertos".
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