La fuga de El Chapo ha sido el Waterloo mediático en que el Estado mexicano terminó de perder la guerra al narco. La guerra está perdida ya. Ahora toca asimilar la tragedia de los últimos años en toda su dimensión, y cambiar de estrategia. Mientras antes mejor. Habrá que pasar de una guerra que no se pudo ganar a una política orientada por especialistas en salud pública abocados a la minimización de daños de la droga, hermanada a una política de sanación del sistema de justicia mexicano, que está herido de muerte.
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