Al igual
que como sucede con la impunidad para combatir el delito de lavado de
dinero, el gobierno federal omite investigar y procesar otros delitos como
la corrupción aduanal y la evasión fiscal. La única explicación podría
ser el pago de sobornos y chantajes a funcionarios y jueces para evitar que los
delincuentes de cuello blanco vayan a la cárcel. Éste es sólo un ejemplo
de impunidad y corrupción:
Ante la
Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios
Financieros, Alberto Amkie Groswirt aparece como consejero propietario de
Corporación Financiera de Arrendamiento, una sociedad financiera de objeto
limitado. También, ante la Secretaría de Economía se le puede ubicar como
beneficiario de una concesión minera. Sin embargo, ante la Secretaría de
Hacienda y Crédito Público (SHCP), Amkie Groswirt tiene abierto un expediente negro
que forma parte del grupo de empresas fantasmas que han sido identificadas
por las autoridades fiscales del país por defraudar al Estado en operaciones de
acreditación y devolución del Impuesto al Valor Agregado (IVA) al amparo de las
disposiciones tributarias para impulsar el comercio exterior.
A través
de las empresas Ke Lokura, SA de CV; Jou Jou, SA de CV; Terso Textil, SA de CV,
y Mobile Export de México, SA de CV, Amkie Groswirt junto con su hermano,
Jenny, armaron una supuesta red delictiva para simular ante la SHCP, el
Servicio de Administración Tributaria, la Administración General de Aduanas y,
por supuesto, ante la Secretaría de Economía, actividades de exportaciones de
bienes con el propósito de acreditar impuestos y su posterior devolución,
considerado uno de los trámites más complejos ante las autoridades tributarias
del país por la cantidad de documentos que deben presentarse para demostrar que
es lícita la relación con proveedores de insumos, los costos de operación de
instalaciones fabriles y las facturas que acreditan las ventas de exportación y
la generación de divisas para el país.
Pero, el
proceso de confirmación para la devolución de impuestos de las autoridades
hacendarias es vulnerable, como lo demostró Amkie Groswirt al simular toda una
operación de comercio exterior en el papel. A la Secretaría de Hacienda le
bastó revisar actas constitutivas, verificar los nombres y actividades de los
supuestos accionistas, confirmar la suplantación de personalidad, y encontrar
los contubernios en diferentes puertos aduaneros del país para encontrar el
fraude al fisco.
A las
cuatro empresas fundadas por Amkie Groswirt, con solicitudes de devoluciones en
un esquema con coincidencias en proveedores, clientes, domicilios, accionistas,
la SHCP les reintegró entre febrero de 2004 y julio de 2005, 109.5 millones de
pesos en impuesto al valor agregado y se rechazó la solicitud para reembolsar
49.1 millones de pesos. Sin embargo, la negativa de la autoridad fiscal no se
presentó para que se iniciara acción legal contra los Amkie Groswirt.
Hasta la
fecha, sabemos que Hacienda no ha librado orden de aprehensión en contra de los
supuestos exportadores defraudadores, a pesar de que en diciembre de 2004 se
inició una auditoría a la empresa Ke Locura, ejercicio en el que se analizaron
las devoluciones por 25.3 millones de pesos. En diciembre de 2006, la SHCP
determinó improcedentes las devoluciones y en el expediente de estas compañías
hay suficientes evidencias para tipificar graves delitos contra el fisco.
La
empresa Ke Locura, según documentos de Hacienda de los que esta columna posee
copias, no contaba con los registros y documentación soporte de sus compras y
ventas de exportación, confirmada con compulsas a clientes, proveedores,
agentes aduanales y casas de cambio, mediante las que pagó a los clientes y
pedimentos modulados por las aduanas.
Las
autoridades fiscales comprobaron también que no contaba con factores
productivos ni flujo de mercancías en territorio nacional ni en el extranjero.
Además, los pedimentos de exportación fueron tramitados por las aduanas de
Mexicali, Colombia y Nuevo Laredo.
También
se comprobó que dicha compañía no tiene trabajadores, inventarios, instalaciones,
activos ni transportes; tampoco paga fletes y la mercancía que supuestamente
exportó nunca entró a Estados Unidos. Sus supuestos socios tienen muy bajo
perfil económico, por lo que la SHCP considera que se trata de prestanombres,
en un esquema que se repite con proveedores.
Lo que sí
es claro para el gobierno mexicano es que de la cuenta bancaria son
beneficiados dos socios fundadores que la autoridad identifica como los autores
del fraude: Alberto Amkie Groswirt y Soni Kably Mizhrahi.
Las
investigaciones, que tardaron varios años, llegaron a Estados Unidos, donde las
autoridades aduaneras –Inmigration and Customs Enforcement– niegan que haya una
introducción de mercancías de Ke Lokura, cuyo flujo de operación y mercancías
es prácticamente inexistente.
A pesar
de ello, sí se confirmó que fueron tramitados los pedimentos de exportación en
las aduanas de Mexicali, Colombia y Nuevo Laredo. Los supuestos clientes de Ke
Lokura, sin embargo, se ubicaban en Texas y Nueva York, Estados Unidos.
Así, la
mercancía y supuestas exportaciones de Ke Lokura salían de manera indistinta
por cualquiera de las tres aduanas y, en su mayoría, por Mexicali.
No sólo
eso, las cuatro escrituras de las que se tiene conocimiento, en todos los casos
ha sido protocolizada por diferentes notarios y en diversas entidades
federativas del país con transmisión de acciones, lo que confirma la presunción
del uso de prestanombres que operan empresas inexistentes con domicilios en
donde sólo se ubican pequeños comercios sin capacidad de exportación.
Ésta es
sólo una de las muchas maquinaciones de fraudes que se cometen a diario en
México, sin que alguna autoridad logre hacer justicia, en perjuicio del país y
de las finanzas públicas.
*Periodista
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