jueves, 8 de diciembre de 2011

PRESIDENCIA MEXICANA DEL G-20

Víctor Felipe Piz / El Financiero
México asumió la presidencia del G-20 con el compromiso de trabajar por la recuperación de la economía global, la ordenación financiera y la superación de la pobreza en el mundo.
Este grupo de 19 países más la Unión Europea como bloque económico, representa 90 por ciento del PIB mundial y 80 por ciento del comercio internacional.
Además, tiene dos terceras partes de la población en el mundo, y más de la mitad de los habitantes en los países del G-20 está por abajo de la línea de pobreza.
La agenda de trabajo de este grupo de economías desarrolladas y emergentes está determinada en gran parte por los temas de la presidencia en turno, que en nuestro caso están prácticamente definidos.
Francia ejerció la presidencia del G-20 del 12 de noviembre de 2010 al 30 de noviembre de 2011, apenas unos días después de la cumbre de líderes políticos -jefes de Estado y de gobierno-, el 3 y 4 de noviembre en Cannes.
Agenda
El gobierno mexicano va a proponer una agenda más acotada de la que llevó la presidencia francesa, que sacrificó efectividad por amplitud y, en consecuencia, no obtuvo muchos resultados.
Dado que el G-20 es el principal foro de concertación económica y financiera del mundo, el momento es propicio para colocar la crisis de deuda soberana en Europa como prioridad de la agenda.
Sin embargo, hay una serie de temas en el entorno externo que no se han resuelto, que ponen en riesgo la estabilidad económica y financiera, y que son fuente de vulnerabilidades globales y regionales.
Uno de los pendientes es la cumbre de la zona euro, cuyos líderes políticos se reúnen mañana y el viernes en Bruselas, con la expectativa de llegar a un acuerdo para solucionar la crisis de deuda en Europa.
Rol del FMI
Otro es el papel del Fondo Monetario Internacional (FMI) en la resolución de la crisis, lo que incluye una reforma para fortalecer su capacidad financiera con recursos de los bancos centrales, incluido el de México.
El gobierno federal está por enviar al Senado de la República la modificación al estatuto del FMI para su aprobación, lo que permitirá incrementar la aportación del país al organismo.
México paga una cuota equivalente a cinco mil 500 millones de dólares y con el aumento subirá a unos siete mil 500 millones.
De autorizarse la modificación al estatuto, el poder de voto del país en las decisiones del FMI va a incrementarse de 1.52 a 1.87 por ciento.
Este ajuste corresponde con la reforma aprobada justo hace un año por la junta de gobernadores del FMI para duplicar las cuotas, y "realinearlas" para balancear la representatividad de las economías avanzadas y emergentes en la institución.
Actualmente, el FMI dispone de fondos por un monto equivalente a 388 mil millones de dólares, por lo que no tiene una necesidad urgente de recursos.
Sin embargo, es responsabilidad del FMI evitar un contagio de la crisis financiera a través de sus distintas herramientas de préstamo, como la Línea de Crédito Flexible o la nueva Línea de Precaución y Liquidez.
Desequilibrios
Otro pendiente es el tema de los desequilibrios globales, pues hay un grupo de países del G-20 que mantienen elevados superávit en su cuenta corriente, como Alemania, China y Japón.
Medido como proporción del PIB, el superávit en cuenta corriente de Alemania es superior al de China, lo que es resultado de la debilidad interna de la economía alemana y de su fortaleza exterior.
Alemania tiene que lograr un crecimiento sostenible de su economía y China debe flexibilizar su moneda, que está artificialmente depreciada para obtener beneficios comerciales.
De este lado del Atlántico, Estados Unidos tiene un déficit fiscal de 10 por ciento del PIB y los mercados siguen en espera de una señal de corrección presupuestal o de consolidación de sus finanzas públicas.
México, anfitrión
México asumió la presidencia del G-20 el 1 de diciembre y la ejercerá hasta el 30 de noviembre de 2012, lo que exige un trabajo muy intenso de principio a fin, tanto en el ámbito hacendario como en el diplomático.
En medio de los 12 meses de presidencia mexicana, el presidente Felipe Calderón será anfitrión de la cumbre de líderes políticos el 18 y 19 de junio en Los Cabos.
Además, van a celebrarse cinco reuniones de viceministros de Finanzas y subgobernadores de bancos centrales, así como tres de ministros de Finanzas y banqueros centrales.
Estas reuniones van a acompañarse por una serie de seminarios, en los que participarán representantes de los organismos multilaterales.
El primero de los seminarios se llevará a cabo el lunes y martes próximos en esta ciudad, y será a nivel de viceministros de Finanzas y subgobernadores de bancos centrales.
Por parte de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, el subsecretario del ramo, Gerardo Rodríguez, coordina la integración de la agenda de trabajo del G-20.
Y por parte de la Cancillería, la subsecretaria de Relaciones Exteriores, Lourdes Aranda, lidera el trabajo de los sherpas del presidente Calderón.
Prioridades
En la agenda, las prioridades están enfocadas en lo urgente: la recuperación de la estabilidad económica y financiera, y el fortalecimiento del sistema financiero internacional con una mejor regulación que ponga énfasis en la protección al consumidor.
Esto va en línea con la inclusión financiera, la cultura y educación financieras, así como el mejoramiento de la arquitectura financiera internacional, tema en el que México ha destacado en el G-20.
También son prioridades los precios de las materias primas y los subsidios al consumo de combustibles fósiles refinados y la producción de granos, pues crean distorsiones entre oferta y demanda.
Dado el efecto del cambio climático, un tema más es la agenda verde para convertir la sustentabilidad en un eje transversal de los objetivos medioambientales del G-20.
Hay temas sobre los que el grupo no tiene la representatividad que se requiere; por ejemplo, concluir la Ronda de Doha para liberalizar el comercio mundial.
México quiere que su presidencia sea muy transparente e incluyente para llegar a acuerdos concretos de aquí a junio, pese a que el G-20 es un grupo de contrastes y, a veces, incontrolable.

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