- La duración del conflicto en Medio Oriente será el factor decisivo: un choque breve podría resultar en impactos manejables, pero un enfrentamiento prolongado pondría a prueba la resiliencia y estabilidad económica de la región, a través de diversos canales de transmisión como energía, inflación, financiamiento y confianza.
La escalada del conflicto en Medio Oriente -un riesgo potencial que los especialistas alertaban desde que inició el conflicto entre Israel y Hamás el 7 de octubre de 2023-, ha reactivado uno de los riesgos más sensibles para la economía mundial: la seguridad del suministro energético. En este sentido, el Estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo global, se ha convertido en un punto crítico cuya vulnerabilidad genera tensiones inmediatas en los mercados internacionales.
Y el repunte del crudo por encima de los 100 dólares por barril refleja esta fragilidad. De acuerdo con estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), un aumento sostenido del 10% en el precio del petróleo podría elevar la inflación mundial en 0.4 puntos porcentuales (40 puntos básicos) y reducir el crecimiento económico entre 0.1 y 0.2 puntos. Estos efectos, aunque moderados en apariencia, se amplifican en economías emergentes. En el caso de América Latina, la energía tiene un peso mayor en la canasta básica de consumo y las condiciones de financiamiento son más sensibles a la volatilidad externa. Esto significa que un repunte sostenido en los precios del petróleo no solo presiona la inflación, sino que también encarece y limita el acceso a financiamiento, afectando tanto a gobiernos como a empresas y familias.

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