Mario Maldonado - Sonora Presente
La Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) pasó de ser un ente técnico de bajo perfil a convertirse en una de las piezas más estratégicas del gobierno de Claudia Sheinbaum para evitar los aranceles de Estados Unidos y la ruptura del TMEC, con la que ha coqueteado más de una vez Donald Trump.
En su último reporte, la Oficina del Representante Comercial de los Estados Unidos (USTR) acusó a México de mantener barreras no arancelarias que afectan directamente a sus exportaciones de medicamentos, dispositivos médicos y hasta pesticidas. El ejemplo más citado fue el de los retrasos de 18 a 24 meses para aprobar productos que ya cuentan con autorización de la FDA. Traducido al lenguaje de la Casa Blanca y de los cabilderos de las llamadas Big Pharma, esto quiere decir que cada mes de demora equivale a millones de dólares perdidos en ventas y menor competitividad frente a Europa o Asia.
Hace un par de semanas, Trump advirtió que si México quiere evitar aranceles del 30% a una larga lista de productos, debe limpiar y agilizar sus procesos regulatorios. Casi fue un llamado directo para la Cofepris.
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