- La mezcla de comercio y seguridad se ha convertido en una constante del estilo Trump: usar la política arancelaria como una herramienta de presión multifacética.
Enrique Quintana - El Financiero
Hoy debía ser una fecha decisiva en la política comercial internacional. Ya no lo es.
El pasado 9 de abril, el presidente Donald Trump impuso una pausa de 90 días a la entrada en vigor de sus llamados “aranceles recíprocos”, tras haber anunciado su intención de imponer tarifas a prácticamente todo el mundo como respuesta a lo que considera prácticas comerciales injustas contra Estados Unidos.
Esa tregua concluye hoy, pero el mandatario decidió extenderla hasta el 1 de agosto. Con ello, da a entender que se trata de la “última oportunidad” para que otros países ajusten sus condiciones comerciales con EU bajo sus propios términos.
México ha quedado, hasta ahora, fuera del alcance directo de esos nuevos aranceles. Las exportaciones que cumplen con las reglas del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC) siguen exentas de tarifas. Aquellas que no lo están enfrentan un arancel punitivo del 25%, una medida que el propio gobierno estadounidense ha vinculado con temas como el combate al fentanilo y la migración.
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