Por: Luis Miguel González - El Economista
Con la 4T, la inversión alcanzó su mejor momento en octubre de 2023. El sector público apretaba el acelerador para concluir el Tren Maya y la refinería. El sector privado, nacional y extranjero, abría la cartera para tomar posiciones frente al nearshoring, ese proceso que mezclaba la geopolítica, la realidad y las ganas de creer en las oportunidades que el futuro ofrecía.
Las cosas han cambiado radicalmente y, en el rubro de inversión, ahora estamos en uno de los puntos más bajos, de acuerdo con las cifras oficiales. Desde agosto del año pasado, la formación bruta de capital fijo registra números negativos en la comparación anual. Son ocho meses y contando. El último dato es el de abril de 2025, que trae una caída de 7.7% respecto al mismo mes del año pasado.
¿Hay otros datos? Siempre los habrá, pero lo que no hay que perder de vista es que entramos en el territorio de los números rojos en inversión mucho antes de la llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos. Son factores internos los que impulsaron el cambio de tendencia: La redefinición del escenario político; el estrés de las finanzas públicas y la inseguridad pública. Mister T se convirtió en un amplificador de algo que empezó antes que su segundo periodo en la Casa Blanca.
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