José Buendía Hegewisch - Excélsior
Jugar con fuego ya no preocupa en un mundo en que la paz pierde centralidad en la política de los Estados. El rechazo por unanimidad de la Corte Suprema de EU a la demanda de México contra fabricantes de armas por la violencia del narco es otro claro ejemplo del bajo relieve de la convivencia democrática y de su falta de respuestas a una época dominado por guerras.
Las advertencias del poderoso lobby de la industria armamentística, de los más cercanos a Trump, evidencian otra vez su capacidad de presión cuando una salida al problema bilateral del narco puede afectar sus intereses. La decisión de desechar la demanda contra el tráfico de armas indica que ningún poder republicano allá mira más opción que apagar el fuego del crimen trasnacional con el fuego de su industria; qué más prueba de que nadie en una Corte de mayoría conservadora vea esa relación, aunque admitan el trasiego de armas por la frontera.
Ése es el dato relevante, el total rechazo de la Corte a ir contra de 11 fabricantes de armas que el gobierno mexicano acusó legalmente de prácticas “negligentes e ilícitas” que facilitan el tráfico a México; otro es que nadie esperaba otra resolución, aunque todos sepan que así ocurre en la práctica. El fallo recuerda la advertencia de Eisenhower en su despedida de la presidencia en 1961 sobre la influencia del complejo militar-industrial en la política, que ahora se extiende a ese gran lobby privado.
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