- El contrabando de combustibles, a través de un complejo entramado de papeles falseados, corrupción en aduanas y estaciones irregulares, representa alrededor del 30% del mercado
Karina Suárez - México - El País
La mañana del 19 de marzo un buque cisterna atracó en el puerto de Tampico (Tamaulipas) con más de 10 millones de litros de diésel de contrabando. La embarcación, con bandera de Singapur, fue asegurada por autoridades mexicanas luego de que se detectaron irregularidades en su documentación aduanal. El Gobierno confirmó, días más tarde, que el barco provenía de Texas e ingresó a los puertos mexicanos del Golfo de México con papeles falseados que supuestamente transportaban toneladas de aditivos para aceites lubricantes. En realidad, venía cargado de combustibles.
El secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, calificó el decomiso como “un golpe histórico” al llamado huachicol fiscal, el contrabando de combustibles bajo una fracción arancelaria distinta para evadir el pago de los impuestos que aplican para gasolinas y diésel. La embarcación, aun en costas mexicanas y objeto de investigación, es un botón de muestra de la importación ilegal de gasolinas al país, un delito que alimenta un mercado negro de combustibles, que resulta en un quebranto para el Estado mexicano de unos 177.000 millones de pesos al año, unos 9.200 millones de dólares, al año, de acuerdo con los cálculos de especialistas.
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