- En el corto plazo el gobierno cuenta con los recursos para cumplir con sus compromisos con los acreedores externos sin tener que recurrir a medidas extraordinarias, apunta Celsa Guadalupe Sánchez.
(Expansión) - El fantasma de la deuda pública externa de México suele aparecerse de cuando en cuando, a pesar de las promesas de varios mandatarios que en su momento se han comprometido con vehemencia a gestionar programas de refinanciamiento con mayor responsabilidad y prudencia, con el propósito de enmendar errores del pasado y mantener finanzas públicas sanas.
De sobra existen razones para ser cautelosos en este tema. Revisando la historia sobre el comportamiento de la deuda externa de nuestro país, encontramos toda clase de vicisitudes, que van desde invasiones de potencias europeas en el siglo XIX por incumplimientos de pago, hasta las complejas negociaciones realizadas con el Fondo Monetario Internacional o los cuestionados acuerdos con el gobierno de Estados Unidos para recibir un crédito de emergencia después de los famosos errores de diciembre de 1994.

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