Rolando Cordera Campos - Periódico La Jornada
Cuando en 1982 le estalló al gobierno del presidente López Portillo la llamada crisis de la deuda externa, los mexicanos pasamos de perder unas expectativas esperanzadas a grandes oleadas de desazón y desamparo. Las promesas hechas de recuperar estabilidad y seguir una nueva pauta de crecimiento económico, más sólido y con mayores potencialidades redistributivas, se sostenían en el discurso de reforma económica del presidente que luego se concretó en el Plan de Desarrollo Industrial.
Con el petróleo como palanca poderosa, se dijo, la capacidad de importación crecería sin depender tanto del endeudamiento externo, y la Alianza para la Producción abriría la puerta a novedosas formas de cooperación entre la empresa privada y el gobierno: las fórmulas de entendimiento y comunicación de la economía mixta formada en las décadas de los 50 y 60 se modernizarían.
No hay comentarios:
Publicar un comentario