- Los gobiernos admiten en Glasgow que están fallando en la lucha climática y que tienen que aumentar sus planes de recorte de emisiones en 2022
Manuel Planelles - Glasgow - El País
Con retraso, tensión final y nocturnidad los representantes de los casi 200 países que participan desde hace tres décadas en las negociaciones climáticas consiguieron cerrar este sábado por la noche, más de un día después de lo previsto, un acuerdo por unanimidad en Glasgow. Y no, como estaba previsto, lo que sale de la COP26 no es la solución definitiva a una crisis climática que golpea al planeta y pone en jaque a la humanidad. Pero el acuerdo final que emana de esta cumbre supone, al menos, el reconocimiento de que los países están fallando colectivamente y que necesitan aumentar sus planes de recorte de emisiones de gases de efecto invernadero. De la cumbre surge un llamamiento para que las naciones aumenten sus planes climáticos para 2030 durante el próximo año, en lo que se entiende como un mensaje para China, el principal emisor del mundo en estos momentos y que, de momento, solo se ha comprometido a alcanzar su pico de dióxido de carbono (CO₂) antes de 2030.

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