Alberto Aziz Nassif - El Siglo de Torreón
Cuando inicia un año es muy fácil
confundir nuestros deseos y esperanzas con las expectativas y los pronósticos. Unos pertenecen al espacio íntimo de lo que queremos que suceda y, los
otros, se dan en un mundo fuera de nuestro control. Sin embargo en estas ocasiones, en donde el aniversario se impone como momento de definiciones, resulta complicado separar los dos mundos. Además,
hay que evitar otro de los vicios en los que
fácilmente se puede caer, el profetismo, ese
intento para adelantar qué tipo de acontecimientos van a suceder, porque con una
realidad tan compleja y cambiante lo más
probable es equivocarse de manera rotunda, como les pasa a los que establecen los
porcentajes de crecimiento económico de
los países, que se la pasan corrigiendo todo el año sus pronósticos. Con estas salvedades hagamos un ensayo para distinguir
entre expectativas, deseos y esperanzas.
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