El domingo pasado Lorenzo Meyer en El Universal describe muy bien la asimetría en la situación política y económica entre México y los EUA desde su nacimiento como naciones y los desafíos que ha evidenciado nuestra relación, incluyendo la invasión y guerra que condujo a perder la mitad de nuestro territorio en el marco de una Doctrina Monroe expansionista por la vía política y económica desde México hasta la Patagonia.
La otra parte de la ecuación actual en la región norte-mesoamericana reside en el tradicional dominio que los EUA ha buscado ejercer en esta región vecina a través de su poder relativo militar-político-comercial y tecnológico y en la debilidad de casi toda Centroamérica -excepción hasta cierto punto de Costa Rica- de construir instituciones democráticas sólidas y economías prósperas, equitativas e incluyentes.
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