- Tras meses de crecimiento y expansión por todo el continente, los vehículos de moda se topan con las quejas de vecinos y autoridades. Y un accidente mortal
Jon Martín Cullel - El País
El monopatín de Sergio Paredes va como un cohete en hora punta. Como cada mañana, se ha bajado del metro y montado en uno de estos vehículos para hacer el último par de kilómetros de trayecto hasta su lugar de trabajo en el Paseo de la Reforma, la gran avenida del centro de Ciudad de México. Su patín del diablo, como se le conoce en México, alcanza los 14 kilómetros por hora, más que la velocidad promedio de los automóviles en horas pico en la capital. Al frenar ante un semáforo rojo, sus zapatos de piel han resbalado. No ha llegado a caerse, pero casi. “Va muy rápido”, dice Paredes, sin casco.
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