José Blanco -Periódico La Jornada
El día uno transcurrió de la mañana a la noche rebosante de símbolos. Representaciones complejas y heterogéneas de alteración y cambio. A pesar de la diversidad, todas referían a una inusitada presencia del pueblo, de los pueblos de México. Desde las clases medias bajas y los excluidos, ambos urbanos, hasta la alegoría vigorosa de las comunidades sincréticas herederas de las originarias. La atmósfera estuvo poblada del poder de los pueblos.
Desde la mañana en su casa de Tlalpan, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) pudo sentir la comparecencia del pueblo raso con su potente ruido de voces plenas de júbilo y festejo. Estuvo también durante su recorrido hasta San Lázaro, donde grandes contingentes no pudieron sino sonar altisonantes a la llegada de Peña Nieto, y volver al regocijo con el arribo de Andrés Manuel.
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