- Cuesta trabajo entender que López Obrador recurra a las mesas petitorias para tomar decisiones
Las recurrentes consultas a la ciudadanía del nuevo presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), pueden convertirse en peligrosos subterfugios si arriesgan la gobernabilidad o interrogan sobre asuntos baladíes o si su complejidad no admite respuestas emocionales y desinformadas. Cuando se pregunta a los mexicanos sobre la conveniencia de sembrar árboles frutales cunde la perplejidad. Argumentando que con ellas fortalece la democracia participativa, la participación en las cinco consultas organizadas por AMLO siendo alcalde de la capital federal (2001-2004) osciló entre el 0,7% y el 10%, y se invadieron competencias del Legislativo. Como presidente electo convocó otras dos, con una minúscula movilización: en torno al 1% del padrón.
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