- Un presupuesto común y un seguro de desempleo europeo son las bazas para activar el decaido europeísmo
La Unión Europea protagoniza una tensa doble carrera. Por un lado, corre la certeza de que un día volverá la crisis; por otro, los preparativos para que cuando eso suceda quede minimizada. De quién avance más en menos tiempo, si la crisis hoy aún larvada o la panoplia de instrumentos para abordarla, depende el futuro económico de la UE y el grado de sufrimiento social consiguiente. Por eso, los resultados de la tumultuosa sesión del Eurogrupo —que empezó el lunes y acabó bien entrada la mañana de ayer— resultan agridulces. Dulces: los ministros económicos de la eurozona alcanzaron dos acuerdos para mejorar las defensas del euro, que no por previsibles resultan menos destacables. Así, la resolución de las crisis bancarias se acelerará y se hará más automática y menos arbitrista gracias a la creación de un cortafuegos común bien dotado de recursos para enderezar o liquidar bancos al borde de la quiebra.
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