Como llegó a la gubernatura sin realmente buscarla, el mandatario sinaloense Quirino Ordaz acaba de dar un paso audaz hacia una verdadera reforma no sólo de la política sino del poder: abaratar la política, disminuir la parafernalia de los tiempos de campaña y reducir dinero a partidos.
Las competencias electorales se han salido del control institucional y han rebasado a las autoridades encargadas de poner orden en campañas. Los procesos de votaciones en el Estado de México, Coahuila, Nayarit y Veracruz hicieron trizas las reglas electorales ante la mirada disminuida del Instituto Nacional Electoral y de los organismos estatales y los tribunales electorales poco o nada podrán hacer.
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