Alejandra Padilla - Sin Embargo
La elección de 2016, marcada por la guerra sucia y la falta de propuesta ideológica, ha concluido. Y el legado está claro. No hay entidad entre las disputadas que no padezca los estragos de la deuda pública, la violencia y la pobreza. Como papas calientes, una docena de ganadores recibirán en sus manos ese cúmulo de pendientes con la sociedad, en algunos casos histórico, pero en otros, agravado por las administraciones salientes.
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