En una democracia madura no basta con exigir
responsabilidades, hace falta también que nos hagamos cargo de cuanto esté en
nuestras manos
Fernando Vallespín / El País
Por
valernos de una metáfora de T. Hobbes referida a la Revolución Inglesa, si los
tiempos se midieran por su intensidad en términos de altura o bajura, hoy
estaríamos en España en “el más alto de todos los tiempos” desde la Transición.
Pocas veces nos hemos enfrentado a una coyuntura tan difícil y, lo que es peor,
con tan pocos recursos para superarla. La sociedad española aborda la salida a
la crisis en una clara situación de dependencia respecto a Europa, con
soberanía demediada, profundamente fragmentada en su dimensión territorial,
alienada respecto a su clase dirigente, y con una población desilusionada al borde
de la depresión colectiva. Variables todas que, al final, es posible que sean
casi más sustanciales que los propios recursos económicos.
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