viernes, 14 de septiembre de 2012

LOS JUEGOS DEL HAMBRE

Mientras ustedes escuchan hablar de la creación de la reforma fiscal, la reforma política y de la lucha contra la corrupción, en Milpa Alta -que también está en México- el valor de la tortilla adquiere un sentido fundamental en la estabilidad política, aunque nadie ponga atención en ello.

Por Antonio Navalón – Reporte Índigo
El hambre siempre ha sido un condicionante fundamental en la evolución política.
El hambre fue lo único que justificó que en 1976, con Mao Zedong todavía al frente de la sociedad china, el mundo tuviera que dedicar ochenta y nueve por ciento de sus reservas alimenticias para llenar los estómagos del pueblo asiático.
Deng Xiaoping encaró esa situación, consolidó su poder y arrinconó al hombre que administró durante unos meses la herencia de quien fuera el Gran Timonier.
Ahora, desde Occidente, México tiene hambre de justicia. Tiene hambre de que no haya más corrupción. Tiene hambre de que no usen su cerebro - a través de su estómago-, para decirle por quién tiene que votar.
Felipe Calderón Hinojosa acabará su mandato en medio de lo que él mismo empezó: sangre, sudor y fuego.
Por su parte, Enrique Peña Nieto, presidente electo, empezará su gobierno en medio de cifras que evidencian una terrible inflación.
Además, se tiene la consecuencia de que durante todo un siglo, Estados Unidos de América,  la América profunda, haya sido el lugar más seco, provocando  que únicamente se haya podido cultivar el 25% del total de las tierras que América necesita.
Por nuestra parte, los  mexicanos nos hemos acostumbrado a vivir con 50 millones de personas que están por debajo del nivel de la pobreza, sin que pase nada.
Aquí la diferencia entre la noche y el día, el éxito y el fracaso, la felicidad y la infelicidad, depende de tener una tortilla más o una tortilla menos. Sin embargo, pareciera que el gobierno no lo ve.
Sin duda, la península de Yucatán, como uno de los grandes centros -únicos en el mundo- de desarrollo agropecuarios, empezará a tener en un universo donde impera el hambre, una importancia fundamental.
Por fin, será posible estructurar un programa de desarrollo para un país como México, basado en la evolución doméstica. Es decir, se da la paradoja de que en países como Estados Unidos de América y la India, se consumen y se necesitan, sólo 57 por ciento de las reservas totales de comida. Sin embargo, en Estados Unidos se desaprovecha 40 por ciento y en India casi el 17.
¿Qué quiero decir? Que mientras ustedes escuchan hablar de la creación de la reforma fiscal, la reforma política y de la lucha contra la corrupción, en Milpa Alta -que también está en México- el valor de la tortilla adquiere un sentido fundamental en la estabilidad política, aunque nadie ponga atención en ello.
En ese sentido, el sexenio de Enrique Peña Nieto, en un país con capacidades para ser autosuficiente, desde el punto de vista alimentario  pinta bien, siempre y cuando sus gurús de la economía se olviden un poco de la frustración de los tipos de interés y le apuesten claramente a un modelo de inversión agropecuaria.
El mundo tiene hambre. Mexico tiene hambre. Sin embargo, esa hambre que hará que termine el mandato de Felipe Calderón Hinojosa con elevadas cifras de inflación nos dan una oportunidad única de variar el punto de mira y empezar a invertir en productos como el maíz y en todos aquellos que -desde mucho antes de que Salinas de Gortari descubriera que en el Nafta estaría la verdad y la vida-, nos fueron llevando a abandonar la inversión interna para ser sólo buenos alumnos y hacer la tarea externa.  
Es decir, únicamente nos importó y nos  imponía el acuerdo de Washington, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.
Peña Nieto tendrá la oportunidad de gobernar, no como si fuera alumno del MIT o de Harvard, sino como alguien nacido en Atlacomulco que entiende cómo se planta, se cultiva y se cosecha el maíz.
Es cierto, vivimos momentos de crisis, pero el valor de los hombres, máxime de los gobernantes, se basa en convertir las crisis en grandes oportunidades de crecimiento. Pronto sabremos si Peña y su equipo deciden pasar a la historia por lograr el desarrollo mexicano.

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