Mark Leonard / El País
Todas las
rupturas son duras. Pero los divorcios que hemos aprendido a temer más suelen
ser prolongados, tendentes al conflicto y en última instancia no resueltos.
Todo parece indicar que China y Estados Unidos se encuentran en medio de uno de
esos turbios divorcios entre parejas agresivas que al mismo tiempo se odian y
se necesitan mutuamente. Mientras Washington y Pekín se preparan para nuevos
liderazgos políticos, no pueden dejar de abordar una importante renegociación
de los términos de su relación.
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