Samuel García / 24 Horas El Diario sin Límites
La epidemia provocada por el virus de la gripe aviar en las
granjas avícolas de la región de Los Altos de Jalisco es ya una crisis
de gran magnitud.
Las últimas cifras dadas a conocer por funcionarios de la Secretaría
de Agricultura el viernes pasado señalaban que se habían sacrificado o
muerto ocho millones de aves a causa de la epidemia, sin embargo es muy
probable que esta cifra siga creciendo en los próximos días en las 41
granjas en las que se ha detectado la presencia del virus entre las
aves. Los propios empresarios avícolas de Jalisco reconocen que el
potencial de aves infectadas en el estado es de 10.5 millones, una
cantidad significativa para un estado que representa 55% de la
producción nacional.
Uno de los empresarios del sector y vicepresidente de la Comisión
Internacional del Huevo, César de Anda, ha calculado que las pérdidas
suman alrededor de 660 millones de pesos, pero el problema mayor se
encuentra en la pérdida histórica en el inventario de gallinas
ponedoras, lo que supone que los productores tardarán alrededor de seis
meses más en restablecer la producción anterior al estallido de la
epidemia.
La muerte y sacrificio de millones de aves en las últimas cinco
semanas además de la necesaria cuarentena aplicada por la Secretaría de
Agricultura a las granjas ubicadas en Los Altos de Jalisco, región en la
que confluyen 42 municipios del estado, ha significado naturalmente una
merma importante en la oferta de pollo y huevo al mercado nacional,
provocando -como era de esperarse- la elevación en sus precios. Tan fue
así que en el reporte de inflación a la primera quincena de julio, INEGI
destacó que la elevación en los precios del huevo y pollo impactó al
alza el nivel general de los precios de esa quincena.
Sin embargo, la Secretaría de Economía -cuyo titular se ha
caracterizado por su ignorancia en la materia y pésimo manejo de
situaciones de crisis- negó desde un inicio la magnitud del problema que
enfrentan los avicultores jaliscienses. Un comunicado de Economía del 3
de julio ya atribuía los incrementos en el precio del huevo en el
mercado nacional a la “especulación” de los productores y
distribuidores. ¿Acaso se puede hablar de “especulación” con un choque
de oferta de esa magnitud que, además, crecía irremediablemente día a
día por una epidemia cuyos alcances eran impredecibles? ¿Sabía Economía
el tamaño del problema que tenía enfrente o si lo sabía quiso minimizar
-como es su costumbre- la dimensión de la crisis echando culpas a los
productores y comercializadores? Esa misma torpe reacción ya la vimos en
el pasado con otros mercados de productos alimenticios que también
sufrieron importantes choques de oferta por diversas causas.
Llama la atención que en un gobierno panista -defensor del mercado y
por años crítico desde la oposición de la opacidad de los gobiernos- se
ejerzan, desde la Secretaría de Economía, prácticas de comunicación
manipuladoras y rancias, tan usuales en el viejo régimen.
Cuatro semanas después de esa desafortunada reacción del titular de
Economía, la crisis develó su real magnitud y se confirmó que
efectivamente se tenía un problema de oferta en el país, a tal grado que
el gobierno federal suspendió la ya decidida aplicación de cuotas
compensatorias a la importación de pierna y muslo de pollo proveniente
de Estados Unidos. Asunto, por cierto, que habrá que revisar.
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