Samuel García / 24 Horas El Diario sin Límites
Estos Juegos Olímpicos de Londres han confirmado que en los últimos años los clavados es el deporte que mayor potencial de medallas ofrece para México, sólo superados por los chinos en el mundo. La rentabilidad de esta inversión es alta y allí están las tres medallas conseguidas, de las cinco que ha obtenido la delegación mexicana, a escasos cinco días de la caída del telón de estos juegos.
En
clavados, China va por delante de México pero no por mucha distancia, así que
si continúa el buen trabajo de planeación de largo plazo desde los directivos
del deporte, con inversión en entrenadores de alto nivel, en la detección y
seguimiento de talentos, en infraestructura adecuada y en el fomento del
deporte entre la niñez, seguramente que pronto las medallas se multiplicarán,
incluso por encima de la actual supremacía china en clavados. Lo mismo podría
decirse del tiro con arco, del taekwondo, del boxeo, de la caminata o del
fútbol, deportes en los que México tiene un alto potencial de victorias a nivel
olímpico en el corto plazo y, desde esa plataforma, estaría en posibilidad de
generar una oleada competitiva en otros deportes.
Pero la
clave detrás de un gran plan -como ya se ha evidenciado en estos juegos
olímpicos- está en la inversión.
Con la
economía mexicana está pasando lo mismo. Como en los clavados, México se ha
convertido en una potencia exportadora automotriz que vendió vehículos por más
de 43 mil millones de dólares durante el primer semestre del año (24% del total
de las exportaciones del país) con lo que ya es el octavo mayor productor mundial
de vehículos y, además, con una previsión fundada de producir alrededor de
cuatro millones de vehículos anuales hacia 2016; 50% más que la producción
actual.
Como en
los clavados, la buena noticia es que no sólo es el sector automotriz. Con un
gran potencial de desarrollo en el corto plazo para afianzarse o convertirse en
potencia, allí están la industria aeroespacial, la de electrodomésticos, la
electrónica e informática, algunos cultivos agrícolas, la minería y la
industria turística, entre otros.
¿Dónde
está la clave para lograrlo? ¡En la inversión! Los sectores que han logrado
despuntar lo hicieron porque, además de un plan, hubo inversión que antecedió
al boom.
Sin
embargo en el agregado, como país, la inversión ha estado más bien ausente, lo
que explica las bajas tasas de crecimiento económico de las últimas décadas. La
inversión fija bruta que en 1980 llegó a 24.8% como proporción del PIB, ha
retrocedido en las últimas tres décadas a 21.1%. De hecho mientras que la
inversión total (inversión fija + inventarios) como proporción del PIB es de
49% en China, 38% en India y 35% en Vietnam, en México es de 26%. Un dato más,
la economía peruana ha crecido a tasas anuales promedio cercanas a 6% en la
última década en buena medida porque su tasa de inversión pasó de 16% del PIB
en 1990 a 27% en 2011. En México la tasa de inversión se estancó y con ello su
tasa de crecimiento fue raquítica.
El nuevo
gobierno debe proponerse crecer la inversión a una tasa por arriba de 10% anual
para impulsar un crecimiento superior a 5%. No hay forma de sostener el
crecimiento de los sectores punteros y de explotar el potencial de otros más
sin el aliento consistente a la inversión, tal y como debe ocurrir también con
el potencial deportivo del país.
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