viernes, 9 de diciembre de 2011

INDUSTRIAL SI QUIERES VENDER EN MÉXICO: INVIERTE EN CHINA

Alejandro Gómez Tamez / El Financiero
Lamentablemente la realidad económica nacional nos muestra que ahora en día resulta muy “fácil” para un importador de productos chinos vender sus mercancías en México. Lo que un importador de productos hechos en China observa al traer la mercancía al territorio nacional es una serie de facilidades que por lo general no obtiene el productor nacional. Por ejemplo al que importa, su proveedor le da financiamiento a tasas muy accesibles, las autoridades de la Secretaría de Economía tienen una filosofía aperturista y le bajan los aranceles a la importación año con año, el gobierno chino le subsidia el precio del producto que está importando, entre muchas otras ventajas.
Por su parte, el productor nacional se enfrenta a un ambiente complicado ya que está sujeto a un sistema fiscal en el que él tiene que pagar un Impuesto Empresarial a Tasa Única (IETU) que no le permite deducir muchos de sus legítimos costos de producción, es hostigado por instituciones como el IMSS y la Secretaría del Trabajo, está sujeto a legislación laboral y ambiental que le genera altos costos de producción, y por lo general tiene que hacer frente a productos de fuera que entran masivamente porque el dólar está excesivamente barato (el peso casi siempre está sobrevaluado en perjuicio de la planta productiva nacional).
Es de esta manera que si bien en el año 2010 el saldo de la balanza comercial de México fue deficitario en apenas -$3 mil 8.6 millones de dólares, en ese mismo año nuestro desequilibrio comercial con China fue de -$41 mil 424.7 millones de dólares. Por su parte, en los primeros nueve meses de 2011 el saldo de la balanza comercial mexicana muestra un déficit de tan sólo -$474.7 millones de dólares, pero el desequilibrio acumulado con China en los mismos meses de 2011 es de -$33 mil 601.1 millones de dólares. Esto implica un déficit con China que es 12.35 por ciento más alto que el registrado en los primeros nueve meses de 2010.
Si México no recibiera lo hecho en China con los brazos abiertos no estaríamos hablando de que en el periodo de enero de 2006 a septiembre de 2011 compramos productos chinos por un monto que asciende a $204 mil 852 millones de dólares. Y lo peor es que está es una cantidad creciente, cada año les compramos más y más a los chinos, ¿Y cómo no va a ser así si China le da todas las facilidades a sus exportadores y México le da todas las facilidades a los importadores? Conclusión: señor industrial instálese en China para que le ayuden a exportar (siempre y cuando genere empleos allá) y al cabo que no tendrá problemas al ingresar sus productos a México.
Y es que aunado a lo anterior, cuando traiga sus mercancías a México el importador podrá evadir impuestos clasificando ventajosamente sus productos en materia arancelaria, y tendrá cierta oportunidad de declarar un valor de su mercancía inferior al valor real, por lo que se ahorrará impuestos a la importación.
Pero todo lo mencionado hasta ahora se agrava cuando tomamos en cuenta que el Banco de México (Banxico) podría hacer lo necesario para frenar esta masacre en contra de la planta productiva nacional, y sin embargo no lo hace al tener una política monetaria en favor de los importadores y en contra de la planta productiva nacional y los empleos nacionales.
¿A qué me refiero con esto? Pues a que el pasado 2 de diciembre el Banxico anunció su decisión de mantener en 4.5% la tasa de interés referencial; y acompañó el anunció diciendo que podría ser conveniente un relajamiento de la política monetaria más adelante ante el deterioro de la economía global. De esta manera, tenemos que desde el 17 de julio de 2009 el banco central mexicano no ha movido su tasa de interés referencial, no obstante que desde entonces muchas cosas han cambiado en el panorama económico y financiero global.
Desde luego que el sector financiero del país aplaudió la decisión de mantener la tasa sin cambios y como siempre, la consideran como una medida “prudente”; pero la realidad es que de nueva cuenta el Banxico lo que demuestra es que para ellos lo que suceda con la planta productiva, el empleo y la cuenta de la balanza comercial es cosa menor, ya que su único objetivo es mantener la inflación bajo control (en un nivel de 3 por ciento con un margen de +/- un punto porcentual).
En este editorial volveremos a hacer énfasis en que las tasas de interés son una variable muy importante que determina, al menos indirectamente, el nivel de competitividad de una economía a través de la determinación del tipo de cambio (o precio del dólar).
Las autoridades nacionales dicen una y otra vez que en México gozamos de un sistema de tipo de cambio de libre flotación, y que ellos no pueden hacer nada para influir en esta variable, ya que el precio del dólar se determina “libremente” en base a las fuerzas de la oferta y la demanda de divisas.
Sin embargo, en esta columna hemos señalado en repetidas ocasiones que no existe tal cosa como un tipo de cambio de “libre flotación”, aunque así nos lo quieran presentar las autoridades monetarias. La realidad es que el tipo de cambio depende, entre otros factores, de los niveles de tasas de interés de cada nación. Esto implica que si el Banxico sube las tasas de interés y Estados Unidos las mantiene estables, lo más probable es que más recursos financieros fluyan hacía México y de esta manera el peso se fortalezca (el dólar estaría más barato). Por el contrario, si el Banxico bajara las tasas de interés entonces menos recursos fluirían hacía México y por lo tanto el peso de depreciaría (el dólar estaría más caro).
Desde luego que en la práctica, hay muchas más variables que están en juego en la determinación de los tipos de cambio como lo son la inflación de cada país, los saldos de la cuenta corriente y financiera de la balanza de pagos, la aversión al riesgo de los mercados, entre muchas más; pero sin duda no se puede cuestionar la relevancia de la tasa de interés.
Así pues, debemos tomar en consideración que al momento de escribir estas líneas la tasa de interés de los Cetes a 28 días es de 4.33 por ciento anualizado, mientras que la tasa de interés de un Treasury Bill de Estados Unidos a plazo de un mes es de 0.00 por ciento (¡si, cero por ciento! Fuente: http://www.treasury.gov/resource-center/data-chart-center/interest-rates/Pages/TextView.aspx?data=yield). Por su parte, podemos ver que en la actualidad el rendimiento de un Cete a 182 días es de 4.51 por ciento anualizado, mientras que el de un Treasury Bill a plazo de 6 meses es de 0.05 por ciento anualizado.
Estos importantes diferenciales en los rendimientos que pagan los instrumentos financieros similares de México y Estados Unidos pudieran explicar el por qué el dólar se ha mantenido recientemente en niveles de $13.50 a $13.70 pesos por unidad. Pero desde luego que existe la posibilidad de que al solucionarse los problemas en la Unión Europea, el peso se irá recuperando y así los productores nacionales perderán competitividad en contra de los productores extranjeros. La expectativa pues es que pasada la tormenta el dólar bajará (por el exceso de liquidez global) y esto perjudicará a los industriales del país y beneficiará a los importadores.
A manera de conclusión ante todo lo expresado podemos señalar que los importadores tienen todo para ganar, mientras que el productor nacional enfrenta condiciones muy difíciles; y es por eso que encabezamos este editorial diciendo que si un industrial desea vender en México tal vez le vaya mejor produciendo en China y exportando a México, a diferencia de hacer las cosas aquí. Es lamentable, pero es la cruda realidad.
Director General GAEAP

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