JORGE CHÁVEZ PRESA / El Universal
Si en México nos preocupa el crecimiento económico, entonces nos debe ocupar lo que le suceda a la productividad. Los países que muestran tasas sostenidas de crecimiento en sus actividades productivas, tanto de bienes como de servicios, son aquellos en los que los factores de la producción logran transformar los insumos creando cada vez más valor agregado. Es precisamente esta productividad la fuente tanto para crecer como para remunerar a los trabajadores.
En México el crecimiento de la productividad ha sido muy bajo, especialmente si lo comparamos con una economía como la de Corea del Sur, que en la década de los 60 tenía incluso un producto interno bruto por habitante (PIB/h) similar al nuestro. Por ejemplo, mientras que en los últimos cinco años la productividad de la mano de obra en la industria manufacturera mexicana aumentó 15%, en Corea del Sur lo hizo casi 45%, es decir, tres veces más. Mientras que el PIB/h en Corea del Sur aumentó en los últimos 20 años a una tasa de 4.9% por año, en México sólo fue de 1.4%.
Sin aumento en la productividad no hay para pagar más a los factores involucrados en las actividades económicas. Una remuneración a un factor de la producción mayor a su contribución, equivale a un acto de depredación de la riqueza. Tan nociva es la práctica en la que el capital se lleva la gran tajada, como cuando la remuneración a los trabajadores es de tal magnitud que se come al capital. Quizá uno de los mejores símiles lo encontramos en las actividades agropecuarias y forestales. Si el aumento en el rendimiento de la tierra se da como resultado de mejorar las prácticas de cultivo, entonces se crea riqueza, hay más que repartir por hacer un uso más eficiente de los insumos: tierra, trabajo, bienes de capital, semilla y fertilizantes. En cambio si se da un aumento en la producción por ampliar la superficie sembrada como resultado de talar un bosque, eso además de depredación es destrucción de riqueza.
Este ejemplo se extiende a toda actividad productiva, incluyendo a las gubernamentales. Medir la productividad, darle seguimiento y analizar todo aquello que la amenaza y lo que la promueve es esencial para el crecimiento económico.
¿Cómo podemos elevar la productividad de las distintas actividades económicas del país si tenemos servicios caros de telecomunicación que el gobierno concesiona? Peor aún, si son lentos y de muy baja calidad, pésima atención al usuario para contratar o hacer una reclamación del servicio. ¿Cómo podemos crear más valor cuando el sector energético mexicano se ha rezagado, y los servicios financieros tienen que mejorar en términos de costo, calidad y oportunidad? ¿Cómo puede elevarse la productividad en las zonas urbanas con transporte público de pésima calidad, si además hay que pagar por la seguridad, que debiera ser un bien público? ¿Cómo crear de manera sostenida más valor cuando el respeto a principios de orden y el cumplimiento de la ley son intermitentes e inciertos?
En México tenemos pocos datos sobre productividad. El INEGI mide sólo la productividad laboral a nivel nacional para la industria. Es información muy valiosa para las 230 clases de actividad a partir del año 2005. Banco de México publica información sobre la productividad laboral para la industria manufacturera y el comercio.
Lo hace porque la inflación se ve afectada por el costo unitario de la mano de obra. La Secretaría del Trabajo y Previsión Social publica también estadísticas sobre productividad laboral. Todo ello es loable, pero definitivamente insuficiente.
Para resarcir parte de ese faltante, el Centro de Investigación para el Desarrollo (CIDAC), un think tank mexicano independiente, dará a conocer el próximo miércoles 13 de abril una publicación que no tiene pierde: Hacerlo mejor: Índice de Productividad México. Este trabajo, elaborado por el equipo de CIDAC que preside Luis Rubio y dirige Verónica Baz Suárez, hace importantes contribuciones. Entre
otras, muestra la productividad de los insumos de trabajo y capital para cada entidad federativa, y para cada una de ellas muestra la productividad laboral para varios servicios, el sector manufacturero y la construcción. Además hace comparaciones internacionales.
Como ciudadanos debemos exigirle a quienes aspiran y quieren ser presidente de la República, que tengan una agenda para impulsar la productividad desde la administración pública federal, y los cambios legislativos que sus partidos en el Congreso de la Unión aprobarán para quitar o reducir lastres. Sin esa agenda, nuestra democracia, además de validar que es de baja productividad, se habrá devaluado en demagogia. Los dirigentes de los partidos políticos tienen una gran responsabilidad para que las plataformas de gobierno que entreguen al IFE sean algo más que buenas intenciones.
Si en México nos preocupa el crecimiento económico, entonces nos debe ocupar lo que le suceda a la productividad. Los países que muestran tasas sostenidas de crecimiento en sus actividades productivas, tanto de bienes como de servicios, son aquellos en los que los factores de la producción logran transformar los insumos creando cada vez más valor agregado. Es precisamente esta productividad la fuente tanto para crecer como para remunerar a los trabajadores.
En México el crecimiento de la productividad ha sido muy bajo, especialmente si lo comparamos con una economía como la de Corea del Sur, que en la década de los 60 tenía incluso un producto interno bruto por habitante (PIB/h) similar al nuestro. Por ejemplo, mientras que en los últimos cinco años la productividad de la mano de obra en la industria manufacturera mexicana aumentó 15%, en Corea del Sur lo hizo casi 45%, es decir, tres veces más. Mientras que el PIB/h en Corea del Sur aumentó en los últimos 20 años a una tasa de 4.9% por año, en México sólo fue de 1.4%.
Sin aumento en la productividad no hay para pagar más a los factores involucrados en las actividades económicas. Una remuneración a un factor de la producción mayor a su contribución, equivale a un acto de depredación de la riqueza. Tan nociva es la práctica en la que el capital se lleva la gran tajada, como cuando la remuneración a los trabajadores es de tal magnitud que se come al capital. Quizá uno de los mejores símiles lo encontramos en las actividades agropecuarias y forestales. Si el aumento en el rendimiento de la tierra se da como resultado de mejorar las prácticas de cultivo, entonces se crea riqueza, hay más que repartir por hacer un uso más eficiente de los insumos: tierra, trabajo, bienes de capital, semilla y fertilizantes. En cambio si se da un aumento en la producción por ampliar la superficie sembrada como resultado de talar un bosque, eso además de depredación es destrucción de riqueza.
Este ejemplo se extiende a toda actividad productiva, incluyendo a las gubernamentales. Medir la productividad, darle seguimiento y analizar todo aquello que la amenaza y lo que la promueve es esencial para el crecimiento económico.
¿Cómo podemos elevar la productividad de las distintas actividades económicas del país si tenemos servicios caros de telecomunicación que el gobierno concesiona? Peor aún, si son lentos y de muy baja calidad, pésima atención al usuario para contratar o hacer una reclamación del servicio. ¿Cómo podemos crear más valor cuando el sector energético mexicano se ha rezagado, y los servicios financieros tienen que mejorar en términos de costo, calidad y oportunidad? ¿Cómo puede elevarse la productividad en las zonas urbanas con transporte público de pésima calidad, si además hay que pagar por la seguridad, que debiera ser un bien público? ¿Cómo crear de manera sostenida más valor cuando el respeto a principios de orden y el cumplimiento de la ley son intermitentes e inciertos?
En México tenemos pocos datos sobre productividad. El INEGI mide sólo la productividad laboral a nivel nacional para la industria. Es información muy valiosa para las 230 clases de actividad a partir del año 2005. Banco de México publica información sobre la productividad laboral para la industria manufacturera y el comercio.
Lo hace porque la inflación se ve afectada por el costo unitario de la mano de obra. La Secretaría del Trabajo y Previsión Social publica también estadísticas sobre productividad laboral. Todo ello es loable, pero definitivamente insuficiente.
Para resarcir parte de ese faltante, el Centro de Investigación para el Desarrollo (CIDAC), un think tank mexicano independiente, dará a conocer el próximo miércoles 13 de abril una publicación que no tiene pierde: Hacerlo mejor: Índice de Productividad México. Este trabajo, elaborado por el equipo de CIDAC que preside Luis Rubio y dirige Verónica Baz Suárez, hace importantes contribuciones. Entre
otras, muestra la productividad de los insumos de trabajo y capital para cada entidad federativa, y para cada una de ellas muestra la productividad laboral para varios servicios, el sector manufacturero y la construcción. Además hace comparaciones internacionales.
Como ciudadanos debemos exigirle a quienes aspiran y quieren ser presidente de la República, que tengan una agenda para impulsar la productividad desde la administración pública federal, y los cambios legislativos que sus partidos en el Congreso de la Unión aprobarán para quitar o reducir lastres. Sin esa agenda, nuestra democracia, además de validar que es de baja productividad, se habrá devaluado en demagogia. Los dirigentes de los partidos políticos tienen una gran responsabilidad para que las plataformas de gobierno que entreguen al IFE sean algo más que buenas intenciones.
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