sábado, 9 de abril de 2011

EL AMPARO DE LOS INTELECTUALES

ISAÍAS MONTEMAYOR ORTiZ / Diario de Coahuila
Dos aspectos a señalar respecto al fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación relativo a la negación del amparo promovido por un grupo de en su mayoría autonombrados intelectuales mexicanos en contra de la reforma constitucional en materia electoral de 2007 que prohíbe, entre otras cosas, la compra a particulares de espacios publicitarios con fines electorales ya sea para bien o para mal, como lo vimos claramente en la última elección presidencial de 2006.
El primero al que habré de referirme en esta oportunidad tiene que ver precisamente con ese grupo de "intelectuales" que cada vez con más frecuencia y de forma curiosa son mostrados por los medios masivos de comunicación como personajes que con su sabia y sesuda reflexión guían de manera ecuánime y justa el deber ser del acontecer nacional, encabezando movimientos y corrientes de opinión, y estableciendo la pauta del debate político.
Todo lo anterior es bueno y propio de la intelectualidad de cualquier país, es incluso necesario para mantener los equilibrios de poder alzando su distinguida voz ante cualquier indicio de injusticia e inequidad razonable, pero en lo que ha nuestra nación corresponde sería completamente plausible si esos intelectuales no estuvieran sometidos a algunos de los mismos grandes poderes de este país.
¿Es genuino el interés por la libertad de expresión y la ampliación de espacios de crítica a nivel nacional?
No he visto pronunciarse a ninguno de estos intelectuales sobre la urgente necesidad de otorgar concesiones de televisión a una, dos o tres cadenas de televisión nacional más, hecho que sin duda abonaría a una sociedad más participativa, plural e incluyente.
¿Poseen tanto dinero como para anunciarse en televisión nacional y apoyar o atacar tal o cual proyecto de gobierno o solamente son la parte visible de los verdaderos promoventes y socios a quienes benefician y de los que se benefician?
Es práctica generalizada, por ejemplo, el apoyo en publicidad pagada que reciben de estos grandes poderes las publicaciones editoriales de los autonombrados intelectuales, y sus cada vez mayores espacios en prensa escrita, radio y televisión afines, es decir, son en el mejor de los casos sus socios, en el peor, sus empleados.
Y es que parece que lejos están este grupo de respetables ciudadanos de llamarse intelectuales si los comparamos con personajes de verdadero peso específico dentro del mundo del pensamiento, como el francés Jean Paul Sartre, los alemanes Hebert Marcuse y Martin Heidegger, o los mismos mexicanos José Vasconcelos u Octavio Paz cuyas obras y trayectorias son ampliamente reconocidas por su valor y trascendencia intelectual independientemente de consolidación material en un determinado momento histórico; sólo el escritor Carlos Fuentes sobresale de este grupo del que forman parte no pocos descendientes de miembros destacados de la clase política dominante durante el siglo XX mexicano, que si bien un día y el otro también critican tal régimen del pasado, nunca hacen referencia a la posición de privilegio que éste les otorgó a sus padres y a ellos sin la cual posiblemente no hubieran tenido la formación académica y los reflectores que actualmente poseen.
Si alguna vez como dijo Mario Vargas Llosa en polémica declaración, gran parte de los intelectuales mexicanos sobre todo de la segunda mitad del siglo XX fueron seducidos por el poder político, en la actualidad los "intelectuales" mexicanos son seducidos por quienes ostentan una parte muy importante del anteriormente poder centralizado y lo que debiera ser una inteligencia imparcial, privilegiada por su peso cultural cuya formación estuviera encaminada a la crítica y corrección de las conductas en detrimento de las mayorías hoy es simplemente un instrumento más del que se valen los poderes políticos o fácticos para conservar privilegios maquillando y dosificando las mentiras y justificando las injusticias.



 

 

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